Escribe Darío Bursztyn
Los más recientes experimentos bélicos, OTAN vs. Rusia (y viceversa) en Ucrania; Israel y aliados en los territorios palestinos y Líbano, y EE. UU e Israel contra Irán -tanto en la llamada “Guerra de los Doce Días” en junio de 2025 como el vigente, desde el 28 de febrero- son un laboratorio de puesta en práctica de las nuevas tecnologías y el inédito aporte de la IA.
Sostener que “siempre hubo guerras” explica poco, porque obtura pensar los porqué de las guerras mencionadas, que sin haberse declarado en su conjunto como Tercera Guerra Mundial, han arrastrado a toda la humanidad por sus consecuencias presentes y a futuro.
El economista José Kobori, especialista en comercio global, energía y crisis financieras retoma el concepto de Giovanni Arrighi de los ciclos del capitalismo, los cuales, todos y cada uno, acabaron en guerras. Fueron el ciclo genovés, el ciclo holandés, el ciclo británico y actualmente el ciclo americano. El capitalismo, sostiene Kobori, al final, siempre termina en guerra porque precisa hacer valer sus intereses. Y vuelve unos pasos para atrás para tomar dos datos clave: la crisis del petróleo de los años 1970 y qué pasó con la Revolución Iraní de 1979.
“El libre flujo de capitales que se creó, en particular, en el neoliberalismo de la década de los 80 obligó a los países centrales a buscar valorizar el capital en las economías periféricas. Es lo que en la teoría económica se define como obtener más ganancia para la reproducción del capital ficticio, que es el capitalismo financiero. En ese sentido, la guerra con Irán ha supuesto que Estados Unidos redoble la apuesta, ya que no surtió efecto su guerra arancelaria, es decir, su guerra económica. Era previsible que, en algún momento, se lanzara al uso real del poder militar para hacer valer sus intereses. Y esos intereses, en realidad, consisten en intentar bloquear el ascenso económico de China.”
Sin embargo, subraya Kobori en la extensa entrevista concedida a Opera Mundi, hay una relación entre el flujo de capitales, las guerras y lo que llama “la burbuja de la IA”.
“Ya estábamos al borde de una crisis financiera mundial. Y la guerra de Irán va a acelerar todo esto, porque el impacto inmediato es siempre una crisis de liquidez. El capital, en su reproducción, necesita cada vez más liquidez para alimentar esa pirámide, ya que la creación de burbujas es una pirámide. Cuando entra más dinero del que sale, esto se va inflando, y esa pirámide se estaba inflando no solo en la burbuja de la Inteligencia Artificial, sino también en la burbuja del crédito privado, que también ha empezado a derrumbarse. La guerra, en realidad, provoca una contracción de ese flujo de liquidez que todas esas “burbujas” exigen para mantenerse en pie, para que esa pirámide siga en pie.”
¿De dónde provino la masa de capitales en los años 70 y 80? De la imposición norteamericana al mundo árabe-petrolero. Por eso es que esta guerra está interrumpiendo el flujo de capitales que genera el capitalismo financiero que como hace medio siglo, también ahora proviene de Oriente Medio, para alimentar el mercado financiero estadounidense. Más adelante veremos esto en detalle.
“La cantidad de dinero que se inyecta en el llamado Complejo Militar-Industrial de Estados Unidos es astronómica”, afirma José Kobori. ¿Cuánto implica una cifra “astronómica”?
La Agencia Reuters, recientemente, detalló que al asumir su mandato, Donald Trump elevó el presupuesto militar a 892.600 millones de dólares y, posteriormente pidió una ampliación de U$S 150.000 millones. Es decir, que el presupuesto (llamado) de defensa, por primera vez superó el billón de dólares. U$S 90 mil millones por mes. Y en el proyecto de Presupuesto 2027 -que depende de los resultados electorales de este año-, elevó ese total a 1 billón 500 mil millones de dólares, cifra que en una alta proporción va a empresas contratistas que conforman el CMI-Complejo Militar-Industrial, la máquina financiera-bélica más descomunal que pueda imaginarse. Algunos nombres beneficiarios, por no decir todos, son conocidos (ver en www.purochamuyo.com la publicación de 2022 en este link https://purochamuyo.com/el-pentagono-dispara-el-cambio-climatico/ ):
– compra a Lockheed Martin de 85 aviones caza F-35 por 102.000 millones de dólares
– desarrollo de sistemas de próxima generación, como el caza F-47 de Boeing
– 6.100 millones de dólares para el bombardero B-21 de Northrop Grumman
En este giro hacia las guerras con intervención de IA, hay un salto en la inversión tecnológica con drones: prevén U$S 53.600 millones para plataformas de drones autónomos y logística en zonas de guerra, y otros U$S 21.000 millones para municiones, tecnologías contra drones y sistemas avanzados. Además, el Grupo de Guerra Autónoma de Defensa (Defense Autonomous Warfare Group), que recibía 225 millones de dólares, obtendría ahora U$S 54.000 millones. Es decir, 125 mil millones de dólares para la guerra “autonomizada” con drones y otros sistemas no tripulados.
Es tal el interés del establishment y del propio Trump en impulsar los negocios del CMI que los dos hijos mayores, Eric y Donald Jr son inversores e impulsores de la empresa Powerus, con sede en el estado de Florida: un fabricante de drones. Y los Trump están intentando vender sus productos a los países del Golfo. Una trama sin fisuras: se inicia una guerra y ellos mismos impulsan negocios personales para benficiarse del conflicto que Trump President inició. Powerus, según PBS, fue fundada hace un año por veteranos de las Fuerzas Especiales de la USArmy. Fabrican drones para usos comerciales pero han girado rápidamente a la producción de drones para uso militar…
El Gobierno estadounidense estaría gastando entre 12 y 15.000 millones de dólares por semana en la guerra con Irán. “Casi todo ese dinero va a parar a los bolsillos de las grandes corporaciones del complejo militar-industrial”, remarca Kobori.
“La guerra siempre ha sido una de las apuestas de Estados Unidos y del Complejo Militar-Industrial, porque eso también genera dinero. Si no se consigue generar dinero en la economía normal, la real, generémoslo a través de las guerras. Tanto es así que Estados Unidos podría pedir a las automotrices como GM y Ford que se reconvirtieran para producir armamento, así que estas fábricas también ven ahora una forma de mantener ese flujo de capitales a través del Estado estadounidense, ya no vendiendo coches, o heladeras, sino fabricando armas. El capital siempre apuesta a conseguir mantener ese ciclo en funcionamiento, porque, en última instancia, si sale mal, ellos también ganan, porque se produce, inevitablemente, una reconcentración de capitales en manos de las grandes corporaciones. ¿Hay crisis en la economía real? Destruyo empresas. Pero las grandes corporaciones se hacen aún más grandes, porque los capitales fuertes van allí y compran los capitales débiles a través de procesos de fusiones y adquisiciones, y el mercado se concentra cada vez más, lo cual es, al final, el gran interés del capitalista”.
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Las corporaciones de base en la industria bélica, según el reporte del Instituto SIPRI – Stockholm International Peace Research Institute, publicado el 23 de abril en Estocolmo, explica que el panorama de la industria de armamentos ha cambiado considerablemente en los últimos años. Se están forjando nuevas relaciones comerciales a medida que se incorporan nuevos actores. Y las empresas de armamento más tradicionales adquieren startups de IA y desarrollan productos basados en esta tecnología. “El sector de la IA militar evoluciona rápidamente. La IA militar es un gran negocio, y muchas empresas (tanto nuevas como tradicionales) quieren quedarse con una tajada” …y Trump se la va a servir en bandeja.
Aquí un esquema de las empresas de base tradicionales proveedoras del Pentágono (columna 1), las nuevas startups vinculadas a la IA (columna 2), la implicaciones y contratos de las empresas tecnológicas informáticas con grandes negocios en cableado submarino (columna 3) y los desarrolladores informáticos de modelos de IA (columna 4)
“Los grandes contratistas de defensa, grandes fabricantes de armamento tradicionales que tienen convenios directos plurianuales con el Pentágono para programas y capacidades militares, también gestionan complejas cadenas de suministro para entregar sistemas avanzados, incluidos artículos de gran valor como aviones de combate, vehículos blindados, submarinos y sistemas de defensa aérea. Hace mucho tiempo participan en el desarrollo y la producción de capacidades militares de IA, tanto para el mantenimiento y la logística como para su integración en las armas. Por ejemplo, el sistema de armas de defensa de proximidad Phalanx, fabricado por la empresa RTX (antes llamada Raytheon), que utiliza algoritmos basados en reglas para identificar, rastrear y atacar objetivos, se desarrolló por primera vez en la década de 1970. Israel Aerospace Industries (IAI) comenzó a desarrollar a fines de la década de 1980 el Harpy, una munición antirradar semiautónoma de vuelo estacionario capaz de utilizar IA para la identificación de objetivos”.
Así y todo, a inicios de abril, Donald Trump recibió en la Casa Blanca a los ejecutivos de las más importantes empresas contratistas de defensa. Concretamente acudieron RTX (Raytheon), Lockheed Martin, Boeing, BAE Systems, Honeywell Aerospace y Northrop Grumman. A todas les exigió un mayor ritmo de producción y criticó que priorizaran el reparto de dividendos entre los accionistas por sobre la reinversión en nuevas fábricas que multipliquen la provisión al Pentágono.
Mapa de los 45.000 km de cables submarinos por el estrecho de Ormuz, el Mar Rojo, África oriental, Sudáfrica y Atlántico africano. Fuente: 2africacable.net
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¿Qué pasó, entonces, que el gigante bélico más notable jamás conocido no pudo con Irán?
Una semana después de los primeros ataques, el especialista en temas militares John Keller publicaba desde Washington una advertencia en relación a la cantidad de armamento utilizado en esos pocos días con la intención de demoler Irán, y la dificultad que emergía para recomponer los stocks de municiones inteligentes y armas guiadas.
“El arsenal de alta tecnología de EE. UU. ha quedado plenamente de manifiesto, ya que una amplia variedad de municiones convencionales e inteligentes ha eliminado al alto mando iraní, las bases de misiles, los centros de mando y control, y los buques de guerra de superficie de la Armada iraní.
La guerra contra Irán comenzó con un aluvión de armas avanzadas desde tierra, mar y aire, incluyendo misiles crucero Tomahawk lanzados desde buques de guerra, misiles de ataque de precisión (PrSM), municiones de ataque directo conjunto (JDAM), armas de ataque conjunto a distancia (JSOW) y armas no tripuladas, como los drones del Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo (LUCAS), y el avión no tripulado MQ-9 Reaper.
Entre las armas aire-aire utilizadas se encontraban el misil AIM-9X Sidewinder con guía infrarroja (ver en www.purochamuyo.com el uso del Sidewinder por Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas https://purochamuyo.com/malvinas-un-mar-de-preguntas-todavia/), y el misil aire-aire de alcance medio avanzado (AMRAAM) AIM-120, guiado por radar, destinado a la defensa aérea.
“Fue una demostración devastadora de las armas guiadas y de la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo ataques “quirúrgicos” contra los líderes, los sistemas de armas y las fuerzas navales iraníes, con la intención de causar el menor daño posible a la población civil”, sostiene Keller.
Para cerrar el triunfalista análisis de pocos días de guerra contra Irán, decía John Keller
“Sin embargo, hay un problema: las armas inteligentes son caras y sus reservas no duran para siempre. Los mandos militares estadounidenses calculan que los ataques contra objetivos iraníes podrían prolongarse mucho más allá del fin de semana. Podrían prolongarse durante las próximas cuatro o cinco semanas.
Es evidente que, durante los próximos meses, una de las principales prioridades del Pentágono será aumentar la producción de municiones inteligentes. Incluso antes de que comenzara la guerra, la Fuerza Aérea adjudicó un contrato de U$S 61,5 millones a Boeing para comprarle 17 superbombas antibúnker [utilizadas en la Guerra de los Doce Días de 2025] para destruir las instalaciones de enriquecimiento de uranio profundamente enterradas de Fordow y Natanz, en Irán. Cada superbomba GBU-57, guiada por satélite, tiene 13.600 kilos con una ojiva de alto explosivo de 2700 kilos, diseñada para destruir objetivos duros y profundamente enterrados, como búnkeres de hormigón armado e instalaciones de túneles muy profundos.”
Y agregaba:
“Sin un suministro abundante de munición inteligente, los ataques continuados contra objetivos importantes en Irán podrían volverse cada vez menos inteligentes y menos precisos. Sin duda China y Rusia, estarán muy atentos para evaluar cuándo podría empezar a suceder”.
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En esa misma semana de marzo 2026, dos expertos analizaron el escenario de la guerra en Oriente Medio, y cómo la tecnología de los drones está reformateando al conflicto.
“El mundo está entrando en una nueva era de guerra con drones, ya que las aeronaves no tripuladas se expanden en los campos de batalla, y proporcionan medios asimétricos a los ejércitos más débiles para infligir pérdidas a los más poderosos. En 2025, los datos mostraron que se produjeron 58.272 incidentes aéreos o con drones, que provocaron 32.769 víctimas mortales. Estas cifras no harán más que aumentar a medida que los drones se conviertan en un elemento fundamental en el campo de batalla”, señaló Steve Feldstein a www.carnegieendowment.org.

Infografía: RT
A lo que agregó Dara Massicot:
“Irán está empleando tácticas de ataque similares a las de Rusia en Ucrania, lanzando cientos de sus drones Shahed contra bases e instalaciones estadounidenses, así como contra bases e infraestructuras críticas de los países de la coalición en el Golfo. Es probable que esto sea el resultado de un intercambio de conocimientos entre Rusia y sus socios, entre los que se incluyen Irán, China y Corea del Norte. Estados Unidos, Israel y los países del Golfo están intensificando considerablemente sus esfuerzos para neutralizar ambas amenazas, mediante ataques contra plataformas de lanzamiento, aviones de combate y algunos sofisticados interceptores de defensa aérea.”
Ambos hicieron hincapié en que los drones de bajo costo y rápida producción arrasaron con las tácticas y líneas de defensa tanto de las bases como de los “escudos” antimisiles.
Feldstein puso el acento en que la decisión del Pentágono de adoptar drones de ataque derivados del modelo iraní Shahed-136
“demuestra que la innovación tecnológica no fluye en una sola dirección, de los Estados más avanzados hacia los menos avanzados. Más bien, pone de manifiesto que las nuevas innovaciones provienen de diversas fuentes. Los diseños de Irán han demostrado claramente sus ventajas, hasta el punto de que Rusia ha invertido U$S 2000 millones en una fábrica dedicada a producir estos modelos de drones (a los que denomina Geran-2). Por otra parte, este diseño de dron iraní subraya la importancia de la rentabilidad. En pocas palabras, Estados Unidos no dispone de recursos ilimitados. Es mucho más rentable desplegar un dron LUCAS —el Sistema de Ataque de Combate No Tripulado de Bajo Costo— de U$S 35.000 que misiles crucero Tomahawk, que cuestan 2,5 millones de dólares cada uno. Estos drones low-cost representan una visión emergente de la guerra moderna: la cantidad importa, el costo puede ser decisivo y una precisión ‘suficientemente buena’ puede aportar ventajas significativas.”
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Lo cierto es que en esta multipolaridad que Occidente -y en particular EE. UU- se niegan a reconocer en la economía y ahora, probadamente, en los hechos bélicos, algo cambió. El mayor poder militar del mundo, socio integrante del bloque militar más grande del mundo -la OTAN-, y con su socio adherente en Oriente Medio (Israel) no pudieron contra Irán.
Tal vez el mejor resumen de lo sucedido lo haya escrito el periodista científico y piloto, Jeff Wise, cuando promediaba el mes de marzo. Decía:
“Pocas horas después del primer ataque, Irán respondió con sus propias andanadas, aunque de naturaleza diferente. Con su fuerza aérea neutralizada, Irán recurrió a oleadas de misiles balísticos, misiles de crucero y drones. Aunque se trataba de armas baratas y de baja tecnología en comparación con las estadounidenses, el contraataque iraní causó un número sorprendentemente elevado de víctimas: un solo dron mató a seis soldados estadounidenses en una base de Kuwait. En medio de la confusión, un caza F-18 kuwaití derribó, según se informa, tres cazas F-15 estadounidenses, la mayor pérdida jamás registrada en combate. Para la segunda semana del conflicto, Irán también había destruido algunos de los sistemas de radar más sofisticados de Estados Unidos, cada uno de los cuales cuesta U$S 500 millones, y derribado 11 drones Reaper de alta tecnología con un coste total de 330 millones de dólares.
Al mismo tiempo, Irán atacaba objetivos civiles en la región, lanzando día tras día drones y misiles contra Israel, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudí, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Además de atacar bases militares estadounidenses en esos países, se centró en instalaciones clave de producción petrolera, plantas desalinizadoras, centros de datos y nodos logísticos como los aeropuertos. Los Emiratos Árabes Unidos cerraron la refinería de petróleo de Ruwais, una de las mayores del mundo, tras un ataque iraní. La tecnología central de esta nueva forma de guerra es el dron, o vehículo aéreo no tripulado.Puede que las mejores armas de EE. UU. no sean la solución. El país lleva mucho tiempo centrado en fabricar un número reducido de equipos muy caros, muy avanzados tecnológicamente y de gran capacidad, capaces de atacar a cualquiera en cualquier parte del mundo sin poner en riesgo vidas humanas. Dedicó una década y 44.000 millones de dólares a construir tan solo 21 bombarderos B-2. El nuevo orden de batalla implica un gran número de drones y misiles baratos, lo suficientemente buenos como para abrumar al enemigo por su mera cantidad. Simplemente no hay ningún lugar concreto donde se pueda lanzar la “madre de todas las bombas” para detenerlo.
La guerra con drones está al alcance de todos, incluso de los rebeldes hutíes y los cárteles de la droga. En el caso de Irán, sigue siendo capaz de producir unos 10.000 drones al mes.
Se convierte en una carrera de producción. Al fin y al cabo, la guerra con drones se basa en la cantidad: qué fábricas (o aliados) son capaces de fabricar más y más rápido. “Es una batalla industrial”, afirma Thomas Withington, investigador asociado del Royal United Services Institute del Reino Unido.
Desde el punto de vista estratégico, en este tipo de guerra suele ser más fácil y barato jugar al ataque que a la defensa. Cada dron iraní Shahed, por ejemplo, cuesta entre 20 y 50.000 dólares mientras que un interceptor estadounidense Raytheon Coyote, utilizado para derribarlos, cuesta U$S 126.500.
No obstante, la medida más impactante de Irán ha sido el cierre del estrecho de Ormuz, lo que provocó una subida vertiginosa de los precios del petróleo en todo el mundo.
Claramente, a 2 meses de los ataques occidentales, no fueron los drones lo que frenó los bombardeos masivos, sino la interrupción del tráfico por el estrecho de Ormuz, que domina en una costa Irán y que en la otra orilla tiene a varios emiratos exportadores de petróleo y gas. Porque la otra cara de la guerra, como en Ucrania, es el petróleo y el gas. En el caso europeo, los oleoductos y gasoductos van del Este al Oeste, por tierra, por el mar Negro y por el Báltico. Y la única salida del mar Negro es atravesar el Bósforo, que está bajo dominio y control de Turquía, es decir, de la OTAN. Las sanciones, bloqueos, bombardeos y daños a esos ductos provocaron una inflación inédita en Europa desde 2022, decrecimiento de la economía y un salto exponencial de la dependencia de provisión de GNL de EE.UU y Qatar, entre otros varios jugadores, que facturaron más de 100 mil millones de dólares más -en este ciclo- de lo que vendían a Europa antes de febrero de 2022.
La guerra deja en evidencia el endeble esquema del comercio mundial, con la interrupción de insumos y commodities esenciales como como el petróleo, gas y los fertilizantes.
Los petroleros y los buques metaneros que antes pasaban por Ormuz ahora dan un largo rodeo por el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, lo que agrega semanas de viaje, miles de millas náuticas y varios millones de dólares adicionales de costo logístico, lo que se traslada a la economía real en precios más altos para la energía y las manufacturas.
Un relevamiento publicado en Alemania estimó el 15 de abril que el 75 por ciento de las empresas europeas están preocupadas por nuevas interrupciones en la cadena de suministro. Respondieron 6.000 empresas de 13 países.
Tráfico de buques de carga, petroleros y metaneros. Fuente: Kpler
Antes del ataque a Irán, por el estrecho de Ormuz transitaba casi el 20 por ciento del tráfico mundial de petróleo (unos 20 millones de barriles al día) y el 20 por ciento del GNL – gas natural licuado. Como se ha explicado en estos dos meses, es la única salida marítima del golfo Pérsico, lo que lo convierte en un punto de estrangulamiento crítico.
Según Windward y Kpler, dos sitios que relevan el movimiento diario de tránsito marítimo, hay más de 760 buques atrapados en el Golfo, mientras que el 75 por ciento de los que han cruzado tienen vínculos o destino en China y Rusia.
En este cuadro se aprecia los buques que han cruzado: en azul los que van dirección Este a Occidente, y en naranja la dirección opuesta. Ver que la cifra más alta fueron 35 navíos y cruzaron con el inicio del endeble cese del fuego (18 y 19 de abril 2026).
Sin embargo, como evaluó Lars Jensen, de la empresa de containers Vespucci Maritime de Copenhague, “el alto el fuego no ha servido para cambiar en absoluto la situación”.
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El tercer insumo o commodity que ha entrado en juego en la guerra son los fertilizantes.
En un impecable análisis de cómo toda la cadena valor está y estará afectada, con impacto directo en la inflación cotidiana en alimentos, Noah Gordon y Lucy Corthell detallan que un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes pasa por Ormuz, ya que los países del Golfo son productores de fertilizantes nitrogenados. “Dependen principalmente del gas natural quemado a alta presión en presencia de hidrógeno para sintetizar amoníaco.”
Pero no se trata solo de que los fertilizantes no lleguen a Sri Lanka, Sudán o Brasil, sino que hay otro factor y es que los países productores de fertilizantes no reciben algunos componentes clave y entonces en Pakistán, India o Bangladesh pararon la producción, e incluso Egipto se ve privado del gas procedente de Israel y debió recurrir al GNL, mucho más caro. Así, el precio de la urea subió más del 30 por ciento y destrozó la cadena de producción de alimentos.
“El daño va más allá del nitrógeno y afecta a otro nutriente clave para los cultivos: el fósforo. Los países del Golfo producen alrededor del 20 por ciento de los fertilizantes fosfatados, así como una cuarta parte del azufre mundial, que es en gran medida un subproducto del petróleo y el gas. Los productores de fertilizantes necesitan azufre (ácido sulfúrico, para ser precisos) para convertir la roca fosfórica en un líquido que las plantas puedan absorber. En este mercado, EE. UU y China se autoabastecen, pero el gigante asiático precisa de Brasil que a su vez depende de la urea de Oriente Medio para poder cultivar soja con la que alimentar porcinos y vacunos en ambos países.”
Aunque el estrecho de Ormuz se reabra pronto, reanudar la producción y el transporte de fertilizantes y sus componentes podría llevar semanas, semanas de las que los agricultores del Hemisferio Norte no tienen porque pierden la temporada, que es abril y mayo. Y la inflación en alimentos impactará por mucho tiempo.
Entonces ¿Quiénes han ganado y perdido desde el doble ataque a Irán y cuáles son las perspectivas?
José Komori fue terminante al analizar la crisis energética provocada por esta guerra: el precio del petróleo no bajará porque el mercado acaba asimilando esos picos, y si todavía no se disparó es porque los países tienen grandes reservas.
“Cuando comenzó la guerra, China tenía 220 días de reservas de petróleo, y Japón más que eso. Pero entre los países del G7, solo Alemania tenía 100 días y los demás estaban con reservas para 80 y 90 días. Reservas que, en realidad, son mayormente estatales porque los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) están obligados a tener reservas de petróleo para emergencias. Sin embargo, para evitar que se dispare, han empezado a liberar esas reservas estratégicas de emergencia.
Tal vez por eso las economías europeas no se han sumado a la guerra de Estados Unidos e Israel, y han presionado a EE. UU para que se retire, para que termine esta guerra, porque saben que se encuentran en una situación delicada.”
Si la guerra termina, se reabre y todo vuelve a la normalidad. Tardará entre un mes y 40 días hasta que los barcos restablezcan realmente esa ruta logística. Si la guerra no se acaba, o acaba con “borrar el mundo persa de la faz de la tierra” se destruye la producción, la capacidad de extraer y refinar petróleo. Y eso no se restablece en en menos de 10 o 15 años.
“Entonces, quien está saliendo bien parado económicamente en esta guerra es Rusia, que ya ha ganado más de 1000 millones de dólares extra porque subió el precio del petróleo, se levantaron las sanciones y Rusia empezó a abastecer al mundo de petróleo, principalmente a Europa, y además, más caro, prácticamente el doble: en octubre de 2025 el barril de petróleo estaba a U$S 60. Cuando empezó la guerra pasó los 70 dólares por barril, y se viene sosteniendo entre los 90 y 110 dólares…
En estos dos meses a la economía occidental le están faltando 624 millones de barriles de petróleo.
Pero no solo las corporaciones petroleras de Rusia se beneficiaron. Jack Dutton, un especialista en Oriente Medio y en el flujo de negocios con Occidente, detalló en www.almonitor.com sostiene que las grandes petroleras y comercializadoras no pertenecientes a Oriente Medio, como la francesa TotalEnergies, han logrado enormes ganancias. Total se alzó en pocas semanas con más de mil millones de dólares en ganancias tras comprar todos los cargamentos de crudo disponibles (70 en total) para entrega en mayo procedentes de los Emiratos Árabes Unidos y Omán, exportados a través del golfo de Omán. También la estadounidense ExxonMobil pasó a un valor de mercado de 712.470 millones de dólares, cuando estaba valuada en U$S 630.000 millones antes de la guerra.
En este panorama la aerolínea alemana Lufthansa ha cancelado 20.000 vuelos para los próximos meses debido a la escasez de combustible para aviones, y las low-cost como TUI y easyJet alertaron sobre caídas significativas en sus ganancias. También hubo comunicados de Ryanar y del grupo Air France-KLM .Y no solo en Europa: la Asociación de Operadores Aéreos de Nigeria —donde militan doce compañías— prevén dejar los aviones en tierra debido a los precios asfixiantes del combustible para aviones.
Ya son 60 días. Y todavía no se produjo la amenaza del aliado iraní (los hutíes de Yemen) de cerrar el estrecho de Bab-el-Mandeb que comunica el Océano Indico con el Mar Rojo, y a éste mediante el Canal de Suez, con el Mediterráneo. Por ahí pasa el 15 por ciento del comercio marítimo mundial, y el 5% del petróleo global.
Todos los frentes están abiertos.
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