LA GUERRA CONTRA IRÁN: OTRO GRAN LABORATORIO BÉLICO

Escribe Darío Bursztyn

Los más recientes experimentos bélicos, OTAN vs. Rusia (y viceversa) en Ucrania; Israel y aliados en los territorios palestinos y Líbano, y EE. UU e Israel contra Irán -tanto en la llamada “Guerra de los Doce Días” en junio de 2025 como el vigente, desde el 28 de febrero- son un laboratorio de puesta en práctica de las nuevas tecnologías y el inédito aporte de la IA.

Sostener que “siempre hubo guerras” explica poco, porque obtura pensar los porqué de las guerras mencionadas, que sin haberse declarado en su conjunto como Tercera Guerra Mundial, han arrastrado a toda la humanidad por sus consecuencias presentes y a futuro.


El economista José Kobori, especialista en comercio global, energía y crisis financieras retoma el concepto de Giovanni Arrighi de los ciclos del capitalismo, los cuales, todos y cada uno, acabaron en guerras. Fueron el ciclo genovés, el ciclo holandés, el ciclo británico y actualmente el ciclo americano. El capitalismo, sostiene Kobori, al final, siempre termina en guerra porque precisa hacer valer sus intereses. Y vuelve unos pasos para atrás para tomar dos datos clave: la crisis del petróleo de los años 1970 y qué pasó con la Revolución Iraní de 1979.

Sin embargo, subraya Kobori en la extensa entrevista concedida a Opera Mundi, hay una relación entre el flujo de capitales, las guerras y lo que llama “la burbuja de la IA”.

¿De dónde provino la masa de capitales en los años 70 y 80? De la imposición norteamericana al mundo árabe-petrolero. Por eso es que esta guerra está interrumpiendo el flujo de capitales que genera el capitalismo financiero que como hace medio siglo, también ahora proviene de Oriente Medio, para alimentar el mercado financiero estadounidense. Más adelante veremos esto en detalle.

“La cantidad de dinero que se inyecta en el llamado Complejo Militar-Industrial de Estados Unidos es astronómica”, afirma José Kobori. ¿Cuánto implica una cifra “astronómica”?

La Agencia Reuters, recientemente, detalló que al asumir su mandato, Donald Trump elevó el presupuesto militar a 892.600 millones de dólares y, posteriormente pidió una ampliación de U$S 150.000 millones. Es decir, que el presupuesto (llamado) de defensa, por primera vez superó el billón de dólares. U$S 90 mil millones por mes. Y en el proyecto de Presupuesto 2027 -que depende de los resultados electorales de este año-, elevó ese total a 1 billón 500 mil millones de dólares, cifra que en una alta proporción va a empresas contratistas que conforman el CMI-Complejo Militar-Industrial, la máquina financiera-bélica más descomunal que pueda imaginarse. Algunos nombres beneficiarios, por no decir todos, son conocidos (ver en www.purochamuyo.com la publicación de 2022 en este link https://purochamuyo.com/el-pentagono-dispara-el-cambio-climatico/ ):

– compra a Lockheed Martin de 85 aviones caza F-35 por 102.000 millones de dólares

– desarrollo de sistemas de próxima generación, como el caza F-47 de Boeing

– 6.100 millones de dólares para el bombardero B-21 de Northrop Grumman

En este giro hacia las guerras con intervención de IA, hay un salto en la inversión tecnológica con drones: prevén U$S 53.600 millones para plataformas de drones autónomos y logística en zonas de guerra, y otros U$S 21.000 millones para municiones, tecnologías contra drones y sistemas avanzados. Además, el Grupo de Guerra Autónoma de Defensa (Defense Autonomous Warfare Group), que recibía 225 millones de dólares, obtendría ahora U$S 54.000 millones. Es decir, 125 mil millones de dólares para la guerra “autonomizada” con drones y otros sistemas no tripulados.

Es tal el interés del establishment y del propio Trump en impulsar los negocios del CMI que los dos hijos mayores, Eric y Donald Jr son inversores e impulsores de la empresa Powerus, con sede en el estado de Florida: un fabricante de drones. Y los Trump están intentando vender sus productos a los países del Golfo. Una trama sin fisuras: se inicia una guerra y ellos mismos impulsan negocios personales para benficiarse del conflicto que Trump President inició. Powerus, según PBS, fue fundada hace un año por veteranos de las Fuerzas Especiales de la USArmy. Fabrican drones para usos comerciales pero han girado rápidamente a la producción de drones para uso militar…

El Gobierno estadounidense estaría gastando entre 12 y 15.000 millones de dólares por semana en la guerra con Irán. “Casi todo ese dinero va a parar a los bolsillos de las grandes corporaciones del complejo militar-industrial”, remarca Kobori.

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Las corporaciones de base en la industria bélica, según el reporte del Instituto SIPRIStockholm International Peace Research Institute, publicado el 23 de abril en Estocolmo, explica que el panorama de la industria de armamentos ha cambiado considerablemente en los últimos años. Se están forjando nuevas relaciones comerciales a medida que se incorporan nuevos actores. Y las empresas de armamento más tradicionales adquieren startups de IA y desarrollan productos basados en esta tecnología. “El sector de la IA militar evoluciona rápidamente. La IA militar es un gran negocio, y muchas empresas (tanto nuevas como tradicionales) quieren quedarse con una tajada” …y Trump se la va a servir en bandeja.


Así y todo, a inicios de abril, Donald Trump recibió en la Casa Blanca a los ejecutivos de las más importantes empresas contratistas de defensa. Concretamente acudieron RTX (Raytheon), Lockheed Martin, Boeing, BAE Systems, Honeywell Aerospace y Northrop Grumman. A todas les exigió un mayor ritmo de producción y criticó que priorizaran el reparto de dividendos entre los accionistas por sobre la reinversión en nuevas fábricas que multipliquen la provisión al Pentágono.

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¿Qué pasó, entonces, que el gigante bélico más notable jamás conocido no pudo con Irán?

Una semana después de los primeros ataques, el especialista en temas militares John Keller publicaba desde Washington una advertencia en relación a la cantidad de armamento utilizado en esos pocos días con la intención de demoler Irán, y la dificultad que emergía para recomponer los stocks de municiones inteligentes y armas guiadas.

Entre las armas aire-aire utilizadas se encontraban el misil AIM-9X Sidewinder con guía infrarroja (ver en www.purochamuyo.com el uso del Sidewinder por Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas https://purochamuyo.com/malvinas-un-mar-de-preguntas-todavia/), y el misil aire-aire de alcance medio avanzado (AMRAAM) AIM-120, guiado por radar, destinado a la defensa aérea.

Para cerrar el triunfalista análisis de pocos días de guerra contra Irán, decía John Keller

Y agregaba:

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En esa misma semana de marzo 2026, dos expertos analizaron el escenario de la guerra en Oriente Medio, y cómo la tecnología de los drones está reformateando al conflicto.

Infografía: RT

A lo que agregó Dara Massicot:

Ambos hicieron hincapié en que los drones de bajo costo y rápida producción arrasaron con las tácticas y líneas de defensa tanto de las bases como de los “escudos” antimisiles.

Feldstein puso el acento en que la decisión del Pentágono de adoptar drones de ataque derivados del modelo iraní Shahed-136

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Lo cierto es que en esta multipolaridad que Occidente -y en particular EE. UU- se niegan a reconocer en la economía y ahora, probadamente, en los hechos bélicos, algo cambió. El mayor poder militar del mundo, socio integrante del bloque militar más grande del mundo -la OTAN-, y con su socio adherente en Oriente Medio (Israel) no pudieron contra Irán.


Bombardero B-2

Tal vez el mejor resumen de lo sucedido lo haya escrito el periodista científico y piloto, Jeff Wise, cuando promediaba el mes de marzo. Decía:

Dron iraní Shaed-136

No obstante, la medida más impactante de Irán ha sido el cierre del estrecho de Ormuz, lo que provocó una subida vertiginosa de los precios del petróleo en todo el mundo.

Claramente, a 2 meses de los ataques occidentales, no fueron los drones lo que frenó los bombardeos masivos, sino la interrupción del tráfico por el estrecho de Ormuz, que domina en una costa Irán y que en la otra orilla tiene a varios emiratos exportadores de petróleo y gas. Porque la otra cara de la guerra, como en Ucrania, es el petróleo y el gas. En el caso europeo, los oleoductos y gasoductos van del Este al Oeste, por tierra, por el mar Negro y por el Báltico. Y la única salida del mar Negro es atravesar el Bósforo, que está bajo dominio y control de Turquía, es decir, de la OTAN. Las sanciones, bloqueos, bombardeos y daños a esos ductos provocaron una inflación inédita en Europa desde 2022, decrecimiento de la economía y un salto exponencial de la dependencia de provisión de GNL de EE.UU y Qatar, entre otros varios jugadores, que facturaron más de 100 mil millones de dólares más -en este ciclo- de lo que vendían a Europa antes de febrero de 2022.

La guerra deja en evidencia el endeble esquema del comercio mundial, con la interrupción de insumos y commodities esenciales como como el petróleo, gas y los fertilizantes.

Los petroleros y los buques metaneros que antes pasaban por Ormuz ahora dan un largo rodeo por el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, lo que agrega semanas de viaje, miles de millas náuticas y varios millones de dólares adicionales de costo logístico, lo que se traslada a la economía real en precios más altos para la energía y las manufacturas.

Un relevamiento publicado en Alemania estimó el 15 de abril que el 75 por ciento de las empresas europeas están preocupadas por nuevas interrupciones en la cadena de suministro. Respondieron 6.000 empresas de 13 países.

Tráfico de buques de carga, petroleros y metaneros. Fuente: Kpler


Antes del ataque a Irán, por el estrecho de Ormuz transitaba casi el 20 por ciento del tráfico mundial de petróleo (unos 20 millones de barriles al día) y el 20 por ciento del GNL – gas natural licuado. Como se ha explicado en estos dos meses, es la única salida marítima del golfo Pérsico, lo que lo convierte en un punto de estrangulamiento crítico.

Según Windward y Kpler, dos sitios que relevan el movimiento diario de tránsito marítimo, hay más de 760 buques atrapados en el Golfo, mientras que el 75 por ciento de los que han cruzado tienen vínculos o destino en China y Rusia.

En este cuadro se aprecia los buques que han cruzado: en azul los que van dirección Este a Occidente, y en naranja la dirección opuesta. Ver que la cifra más alta fueron 35 navíos y cruzaron con el inicio del endeble cese del fuego (18 y 19 de abril 2026).

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El tercer insumo o commodity que ha entrado en juego en la guerra son los fertilizantes.

En un impecable análisis de cómo toda la cadena valor está y estará afectada, con impacto directo en la inflación cotidiana en alimentos, Noah Gordon y Lucy Corthell detallan que un tercio del comercio marítimo mundial de fertilizantes pasa por Ormuz, ya que los países del Golfo son productores de fertilizantes nitrogenados. “Dependen principalmente del gas natural quemado a alta presión en presencia de hidrógeno para sintetizar amoníaco.”

Pero no se trata solo de que los fertilizantes no lleguen a Sri Lanka, Sudán o Brasil, sino que hay otro factor y es que los países productores de fertilizantes no reciben algunos componentes clave y entonces en Pakistán, India o Bangladesh pararon la producción, e incluso Egipto se ve privado del gas procedente de Israel y debió recurrir al GNL, mucho más caro. Así, el precio de la urea subió más del 30 por ciento y destrozó la cadena de producción de alimentos.

Aunque el estrecho de Ormuz se reabra pronto, reanudar la producción y el transporte de fertilizantes y sus componentes podría llevar semanas, semanas de las que los agricultores del Hemisferio Norte no tienen porque pierden la temporada, que es abril y mayo. Y la inflación en alimentos impactará por mucho tiempo.



Si la guerra termina, se reabre y todo vuelve a la normalidad. Tardará entre un mes y 40 días hasta que los barcos restablezcan realmente esa ruta logística. Si la guerra no se acaba, o acaba con “borrar el mundo persa de la faz de la tierra” se destruye la producción, la capacidad de extraer y refinar petróleo. Y eso no se restablece en en menos de 10 o 15 años.

En estos dos meses a la economía occidental le están faltando 624 millones de barriles de petróleo.


Pero no solo las corporaciones petroleras de Rusia se beneficiaron. Jack Dutton, un especialista en Oriente Medio y en el flujo de negocios con Occidente, detalló en www.almonitor.com sostiene que las grandes petroleras y comercializadoras no pertenecientes a Oriente Medio, como la francesa TotalEnergies, han logrado enormes ganancias. Total se alzó en pocas semanas con más de mil millones de dólares en ganancias tras comprar todos los cargamentos de crudo disponibles (70 en total) para entrega en mayo procedentes de los Emiratos Árabes Unidos y Omán, exportados a través del golfo de Omán. También la estadounidense ExxonMobil pasó a un valor de mercado de 712.470 millones de dólares, cuando estaba valuada en U$S 630.000 millones antes de la guerra.


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