Edición #7 de las reflexiones y dibujos de los presos. ¿Qué es «la lealtad»? La propia y la colectiva. Esto se piensa tras los muros.
Son los ESCRITOS DESDE LA LEONERA #7.
*Lealtad solo para algunos
Hace tiempo que me llamó la atención lo que vengo viendo en los canales de la televisión; cómo se juntan multitudes a gritar con fervor, jurando lealtad a la élite gobernante actual. Entonces, esto me hace preguntar ¿Por qué son leales a estas personas cuando ellos no lo son…, o tal vez sí, pero solo con algunos?
Por lo tanto, reflexiono y creo que este tipo de lealtad no es recíproca, porque los partidos políticos no sostienen con actos lo que dijeron con palabras a favor de los más necesitados. Pero sí son leales a la minoría, a la gente de gran poder adquisitivo, entre ellos sí hay reciprocidad. Mientras, el pueblo sigue siendo el rebaño del pastor, pagando impuestos, cumpliendo las leyes, confiando en que el gobierno protegerá su condición de vida; ignorando la pobreza en la que se encuentra sociedad. Entonces, ¿Cuál es el universal de lealtad?
Pablo Maximiliano Campos. 43 Años
*Solo por compromiso
Hablan de lealtad como si fuera solo una, y en realidad hay varios tipos. Una de ellas, es la lealtad a los que queremos: familia, amigos, mascotas y, después, está la fidelidad a uno mismo, la más difícil de conseguir.
En un ser querido, ver más allá de sus palabras es imposible. No conocemos en verdad cuáles son sus intenciones; si son de buen corazón o sólo para beneficio propio. Pero nuestra convicción de serle fiel a los que nos importan, muchas veces nos aleja de este punto de vista.
Nos perdemos nosotros mismos por llevar ese peso hacia un ser que nos interesa. Pensar que porque una persona nos brinda cosas importantes sin pedírselo, como su tiempo, estamos arraigados a estar ahí, sin querer. El simple hecho de tenerle incondicionalidad, solo por eso, es más cruel que quedarse y aun así, traicionarla a sus espaldas.
Fueron fieles por lo que les dieron, y aunque dentro suyo se abandonan y se rompen para no traicionar, en realidad, es lo que se están haciendo, porque no comparten los mismos proyectos para sus vidas.
La lealtad no es bonita, es algo que te arrastra a romper vínculos si es necesario, y quebrantar ese compromiso es incómodo. Pero, se está siendo mucho más leal, que sólo estar por conveniencia.
Juan Escobar, 28 años
*Pescado podrido
Cuando todo te va bien, la lealtad no existe; más aún, sabiendo que no tienen mucho que perder. Por eso creo que la gran mayoría se cree leal cuando le conviene. Es más, en mi casa me enseñaron que la lealtad es quedarse, aguantar, no traicionar; sin embargo, nadie me advirtió, que también, te rompe. Entonces, no puedo ir en contra de mis principios ni serme desleal. Por lo tanto, si me hace daño y elijo quedarme, eso no es lealtad, puede que sea apego o cariño mal entendido.
A lo que me refiero es que mis decisiones fueron forjadas por mi pasado, las cosas que viví, por cómo me criaron hasta mi adolescencia y de ahí en adelante, me encontré solo caminado por las calles y con el correr del tiempo, fui entendiendo por qué era así y por qué tomé las decisiones que tomé. Además, el sistema que nos rodea, es una mentira bien inventada, que nos mantiene sumisos para hacer el bien según la moral implantada, para llevar un orden ético que no te deja pensar. Entonces, me pregunto: ¿Ser fiel a mis convicciones me hace desleal por no obedecer?, ¡por ser diferente!
Después de replantearme aquel dilema, entendí que, si ser leal de esa manera me hace desleal al otro; que así sea entonces. Por eso, hoy elijo con quién quedarme, con quiénes de verdad soportar las dificultades de este proceso, e incluso, sabiendo que tienen mucho que perder, elijen quedarse.
Oriel Nicolás Gutiérrez. 29 años
*¿Por qué?
Hoy me detengo a pensar por qué somos como somos; por lo tanto, lo primero que me pregunto, es: ¿Existe un modelo universal de humano? ¿Si así fuese, quiénes cumplen las características de ese modelo? ¿Lo humano, se puede reducir a un modelo existiendo tanta diversidad cultural?
Entonces, miro hacia atrás e intento descifrar los actos que la historia -de este lado del mundo- nos ha dejado, y en ese camino tropiezo con la figura de Cristóbal Colón, quien cuenta en una de sus cartas a los reyes Católicos: «De los indios que van en estas carabelas, los más son los que se tomaron en la isla de la Trinidad y son gente muy buena para servir, y de buena razón, y creo que serán buenos esclavos». Este inexorable suceso arranca de lo más profundo de mi ser otro tipo de preguntas: ¿Será que Colón al realizar ese acto demostró lealtad a la corona? ¿o a la ley moral de la religión?, ¿o a la expansión de un sistema mercantilista?
Hoy comparo los hechos pasados con nuestro presente y pareciera que la historia se repite, pero no es así, porque cada hecho social es producto de su época, y mayormente, constructo de las élites de una determina etnia o sociedad que comparten un mismo interés, un mismo fin. Quizá lo que sí se repite son los dispositivos de exclusión y explotación que nacen del deseo de aquellxs grupos dominantes para doblegar la voluntad del otrx, de lxs otrxs, de quienes depositaron su lealtad en las urnas creyendo que podían llegar a ser parte esas élites. ¿Pero ser “leal” a un gobernante -cualquiera sea su partido político-, que parte de un nacionalismo que forma fronteras para excluir a otrxs pueblos, a otrxs humanxs, o ser leal a una determinada religión o al consumo obsesivo producto de la globalización, nos convierte leales a quién y quiénes?
Creo que al partir desde esos parámetros la Humanidad queda inmersa en este derrotero; más aún, si el gobernante político es de derecha o ultra-derecha, implantará principios de ese tipo a través del inconsciente colectivo, y así toda la región asimilará que la “lealtad” pasa por ahí; y entonces aceptar el cruel destino que tuvieron nuestros antepasados originarios. Con este tipo de introyección, por ejemplo, aparece la forma en que hoy aceptamos y reproducimos la servidumbre doméstica, encasillando a mujeres para ese trabajo; además, esos discursos nos hacen creer que solamente somos inteligentes para aprender a realizar tareas; y hasta aceptamos la esclavitud con la figura legal de un salario, porque la gran mayoría no tiene conciencia de clase, mucho menos, conciencia crítica.
Entonces, ¿qué es ser leal? ¿A qué costo?
Ricardo Lazarte, 46 años.
*¿Leal a ke o a kien?
Ser leal a unx mismo es komplejo, porke komo humano vivo en una konstante kontradición y kambio, y en kada kambio, muchas veces me termino siendo desleal. Y ser leal a algo ajeno a mí, me konvierte en una persona manipulada sin kapacidad de krear pensamiento y acción propia.
Leales fueron y son akellos ke enaltecen lo exterior a su ser y poko konfían en sí mismos. La lealtad es konstrucción ke protege al soberano, porke el leal ya no es dueño de sí, termina sirviendo a la konsigna leal.
Se puede ser leal hasta kon los símbolos, kon las kosas, esto también te enajena, te hace sumiso de un deber inkulkado por alguien o por vos mismo, te ata por fuera de tus deseos más íntimos.
La sugerencia de lealtad despierta en mí la mayor deskonfianza, no puedo fiarme de ella ni de akellxs ke la promulgan, porke por la lealtad puedo aplastarme a mí o a quien tal vez ni sikiera tenga intención de lastimar.
La lealtad no es para humanos, lealtad es para esklavxs.
Cristian Ariel Genez. 42 años.
*La lealtad
Soy leal a mí mismo, a las personas que quiero y a la vida que me tocó vivir. No porque todo haya sido fácil, sino porque aprendí a valorar cada momento, cada persona y cada experiencia. Mi lealtad no depende de lo que recibo a cambio; cuando doy mi palabra también doy parte de mí. Puedo equivocarme, puedo caer, puedo cambiar y mejorar; pero nunca voy a traicionar mis principios ni a quienes alguna vez confiaron en mí, porque para mí la lealtad no significa estar siempre de acuerdo, significa estar de verdad con el corazón aun cuando la vida te pone a prueba; significa estar de verdad, con presencia y con honestidad.
Para mí, la lealtad significa que cuando la vida, en verdad nos sacude de una manera incomprensible, es donde demostramos quiénes somos en realidad.
Jorge Cuesta
*Lealtad
Dentro de este mundo de traiciones, hoy quiero compartir un poco lo que pienso sobre la “lealtad”, palabra muy bonita de pronunciar pero muy difícil de cargar. Creo que todos sabemos que tenemos un tipo de construcción a priori sobre la moral, sobre la ética; pero en este caso, para mi punto de vista, sobrepasa todo y entiendo que todas las personas provenimos de un círculo familiar diferente.
Hoy quiero hablar de uno especial para mí…, mi familia; los cuales, desde que tengo conciencia, han demostrado ser leales dentro y fuera de tiempo, de frente y de espaldas, donde en tiempos diferentes hemos padecido, y digo padecer en tanto tu mente te enseñe qué significa eso; o tus vivencias, o tu razón.
Fríos, hambre, calor, llantos, risas y, podría enumerar un montón de cosas más. Tampoco quiero confundir esta palabra con “el amor”, sino que también, con 34 años de edad, logré entender y comprender que los hechos valen más que mil palabras y que las personas tienen cierto límite, ese que todavía no he llegado a conocer respecto a este círculo que tan leal fue hacia mí y hacia ellos también.
Pudiendo haber tomado caminos diferentes, elegimos ser leal a lo que sólo con hechos pudimos demostrarnos y que hasta el día de hoy levanto la frente y les digo: ¡Gracias, porque aun sin verlo ni mucho menos merecerlo, ustedes se mantienen siempre firmes y leales, los amo mucho!
Jorge Aguirre, 34 años
*Discurso engañoso
Hay varios tipos de lealtad, pero en este caso, quiero centrarme y hablar de la supuesta «lealtad» que juran los partidos políticos en las campañas presidenciales, donde los rivales siempre son, de izquierda o derecha.
Una vez que ganan las elecciones, el nuevo presidente que llega al poder jura lealtad ante Dios, en hacer respetar y observar la Constitución Nacional, donde se encuentran los derechos de todos los argentinos. Pero al pasar el tiempo, se olvidan de esa promesa y el pueblo empieza a sufrir violencias, por parte de sus propios gobernantes. Los individuos de nuestra sociedad, son excluidos de todos sus derechos, sin poder manifestarse públicamente y reclamar lo que corresponde como ciudadanos; son reprimidos y encarcelados, por luchar en cada manifestación.
Las Fuerzas policiales son los mejores aliados del Estado, siembre están a disposición de sus órdenes para reprimir a sangre fría y así mantener el orden. Lo hacen con jubilados, trabajadores, personas desocupadas y a todo aquel que no acate las órdenes.
De esta manera las personas pierden totalmente su libertad y viven una vida no deseada, solo trabajan largas horas en las fábricas para poder llegar a fin de mes.
Entonces, ¿dónde queda esa supuesta «lealtad» que nos hacen creer cuando asumen, si cuando los políticos, una vez que logran sus objetivos, se olvidan de las personas que depositaron su confianza en las urnas?
Kevin Maddalena, 31 años.
*El desleal
Para abordar y/o analizar cualquier tipo de suceso, sea este histórico, científico o filosófico, es indispensable remontar al origen del mismo en cuestión.
Hoy la propuesta es reflexionar sobre la palabra lealtad. Para ello me gustaría abrir esta premisa compartiendo la etimología de la palabra: “Lealtad”, proveniente de latín legalis, que sugiere (legal o conforme a la ley); luego experimenta un cambio fonético, por el paso de la “g” latina (legalis) a la “y” en castellano antiguo (lealtad), manteniendo la idea de cumplir lo que es justo, legal o pactado. Aunque al principio estaba estrictamente atada al cumplimiento de las leyes escritas, con el tiempo, su sentido se amplió hacia el terreno moral, afectivo y social. También logró involucrar su significado hacia la fidelidad de la palabra dada, el compromiso con los amigos, la pareja, la patria o ideales políticos.
Ahora bien, voy a darle permiso a la subjetividad y poner en discusión a la “lealtad”, ya que fue elaborada como herramienta de adesión al poder dominante, porque quien no cuestiona, no protesta, y respeta los modelos oligárquicos, serán leales.
El imperativo categórico kantiano: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”, hace una alusión moral del deber ser; pero la historia las relatan siempre los victoriosos ¿Y qué hay de los otros? ¡¿Los desleales, los perseguidos, los excluidos, los esclavos, los indígenas?! Esos que no entran en la historia de los blancos ni en su literatura, donde la buena voluntad kantiana no los tiene en cuenta.
Son éstos algunos de los argumentos que me hacen ser crítico con cada palabra. Pensar, ¿para qué se utiliza? ¿Cuál es su propósito social? ¿De qué suceso formo parte?
Por todo esto, “Lealtad”, es sinónimo de sumisión, domesticación y es un medio para lograr un fin; una manera más de pertenecer para expandir una dictadura, invadiendo las libertades personales y excluyendo a quien no piensa de la misma manera; el otro, el “desleal”.
Eduardo Acosta Tomadín
*¿Tengo que cumplir?
Tendría que escribir sobre la lealtad. Es algo muy redundante que tenga que escribir sobre una construcción, cargada de ética y moral, ¡llena de reglas, que si no las cumplís, dejás de pertenecer a un grupo estructurado, que solo te clasifica y cosifica según sus bases! “Leyes” que ni siquiera ellos inventan, porque el pertenecer a su grupo de personas leales, te hace una persona dogmatizada. No tenés elección propia ni opinión que puedas formular con hechos o actitudes.
No creo poder pertenecer a ese grupo, no quiero ser categorizado según sus propias miradas, prefiero el poder bajo mis propios pensamientos o entendimientos, para decir que la lealtad es algo inventado para unos pocos; muchos por conveniencia, otros por situaciones adversas que te llevan a ese límite de seguir normas y reglas basadas en una opinión con fundamentos muy contradictorios. ¿Pero qué puedo esperar si su etimología proviene de ley? Como dije anteriormente: sólo para unos pocos.
Maximiliano Pérez
*Desleal conmigo mismo
Esa noche me ofrecieron un nuevo trabajo, me daban el triple de la paga que recibía. Era justo lo que necesitaba para poder salir de las deudas que teníamos con mi vieja; no podía darme el gusto de comprar la moto que tanto me gustaba.
Tenía que firmar documentación apócrifa para favorecer a mi patrón, y así, iba a sumar un billete más para poder llegar a fin de mes. Lo que hacía no estaba bien, pero para poder beneficiarme, miraba para otro lado, haciéndome el boludo.
Me fui a casa, me tiré en el sillón y mientras miraba el techo, pensé en la plata, en lo fácil que fue decir sí a lo malo sabiendo que nadie se iba a enterar de ese ardid. Pero algo me hacía reflexionar sobre el tema, ahí comprendí que era mi inconsciente el que me estaba hablando, diciéndome que al hacer esa maniobra me iba a llevar al fracaso por no haber sido leal a mis principios. ¨Porque la única persona con la que vas a vivir toda tu vida sos vos. Traicionarte a vos mismo es el único fracaso del que no se vuelve¨.
Franco Acosta, 32 años
*Dicotomía
¡Cómo me engañaron con esto de la lealtad! Me comí el verso más grande de mi existencia, ja. Creo que fue una construcción, generando valores y moral a través de una sola palabra, ¡qué bien que lo hicieron!, porque entré en ese cuento ultra humano, ¡y lo sentí tan propio! Desesperado por pertenecer a una élite, para así poder resaltar por encima de otros con una actitud dominante con el fin de someter.
Desde chico recuerdo escuchar hablar del «tema»: “Como que si no tenés esa cualidad, vas a ser excluido de toda sociedad, de todo ámbito”. ¿Pero dónde empieza y dónde termina mi lealtad? Lo que he vivido me lleva a creer que son circunstancias las que ponen a prueba a la lealtad, pero como somos seres individuales, no todos vamos a reaccionar en consecuencia de lo que esperan los demás cuando estén en juego los propios intereses, y más aún, la vida.
Amigos que hoy ya no lo son, relaciones amorosas que hoy hubiese preferido no tenerlas, hermandades no tan así ¿Me fui desilusionando o simplemente des romanticé la lealtad? Qué gran dicotomía exigir tantos valores incuestionables y a la vez tan perecederos.
Juré lealtad a tanta gente, y al día de hoy, ya ni recuerdo sus rostros. Puse en jaque mi vida para no traicionar «amigos». Creo haber sido leal, aunque también engañé amores y dejé echar a perder otros tantos; dejé sola a mi descendencia, eso es algo que duele y mucho. Olvidé y olvidaron. Clasifiqué y clasificaron.
Creo, que para entrar en los parámetros del tema en cuestión, debo tener ciertos requisitos indispensables que no son innatos, sino adquiridos en una construcción dogmática, a lo cual alguien libre de pensamiento o con algo de rebeldía en su racionalidad, no encaja en los parámetros de la lealtad.
Laureano Nievas, 43 años.
«Resistimos al olvido desde un proyecto vital con la épica idea de transmitir y generar cultura, expresar en el arte la voz de los nadies y despertar en las personas, ideas que van más allá del mundo material y la situación personal en el encierro. Filosofamos, publicamos libros y desarrollamos virtudes que ni sabíamos que podíamos tener pero, ante todo, creamos comunidad. Repensamos el concepto de resistencia ya no apoyado en los contenidos teóricos con propuestas a futuro y alimentando los méritos personales sino desde el desarrollo de las conciencias críticas sobre sí mismos y sobre el mundo que los rodea. Hacemos hincapié en la necesidad de visibilizar este proyecto para que no sea disuelto fácilmente.»
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