El Colectivo Editorial Crisis publica hoy la sexta edición de los textos y reflexiones escritos por presos.
¿Qué es «trabajar» para los presos y para sus familiares?
Un siglo después, los nuevos Cuadernos de la Cárcel. No aquellos de Antonio Gramsci sino de quienes hoy piensan tras los muros.
Son los ESCRITOS DESDE LA LEONERA #6.
El trabajo dignifika a los pudientes, sakrifika a kien trabaja, y esto, sostiene este mundo horrible tal kual es.
Escribe Largo
En la kárcel komo en la kalle, trabajar signifika doblegarte kon la esperanza de algún día liberarte, toda la estructura del mundo moderno es sostenido por esklavos asalariadxs, ke ofrecen su kuerpo y su tiempo a la degradación de las patronales burguesas.
Las personas son sometidas a entregarse para su supervivencia, teniendo que pasar sus vidas limitadxs a subsistir sin poder vivir sus propias experiencias, solo deben obedecer toda su vida por dinero, ke les va a traer un poko de komida y algunas komodidades para disfrutar el poko tiempo ke les keda. Saken la kuenta del tiempo utilizado por kada individuo para kada kosa en sus días, 8 horas para dormir, 10 horas para trabajar y 6 horas para un kansado existir. Poko dedikan a sus verdaderas vidas, la humanidad se somete a una minoría ke akumula.
Dentro de la sociedad komo fuera de ella, o sea, dentro de la kárcel, nada es distinto, el sistema en su totalidad, tiene una forma únika para mantenerse, kon trabajo; exprimiendo a las personas para sustentar el sistema y su edifikación tal kual es.
El servicio penitenciario, kon las exkusa de tarea laboral ke “reinserta”, somete kon trabajo a seres ke acceden kon la esperanza de su futura libertad. Lxs presxs, piensan que su auto-sometimiento dará frutos para su salida de prisión, y a veces es así, porke esto es un rekisito fundamental del sistema judicial para salir de este lugar.
En la kárcel no abunda la posibilidad a la kultura, edukación, arte ni el deporte, pero tareas denigrantes sí, eso es lo ke da la libertad. O sea, el laburo por un karnet de trabajador, ke para obtenerlo se exigen kosas komo: sumergirse en las mierdas kloakales kon los desperdicios de todo un penal, haciendo todo esto sin ningún tipo de prevención higiénika provista; Rekogiendo basura desbordada y rodeada de ratas, también desprovistos de ropas idónea y guantes; destapando baños, kon herramientas improvisadas por lxs mismxs presxs; pintando el penal, kon pintura komprada por la misma familia del internx; arreglos elektrikos, totalmente improvisados también por el internx , lo mismo kon el gas; kocinar para la población, pero kon la restricción de las autoridades de hacer bien su trabajo, esto signifika usar alimentos en mal estado y mantener el espacio de kocina totalmente sucio para ahorrar tiempo y dinero; kortando el pasto, donde el mismo preso también tiene konseguir nafta y más insumos y arreglos de las podadoras; y todos los demás trabajos de mantenimientos igual. Y a todo esto, no hay ke olvidar, ke el servicio penitenciario bonaerense recibe de parte de los impuestos de la provincia, millones y millones de pesos ingresan por año para su sustento, esa plata se esfuma en el kamino y las familias de lxs internxs lo terminan pagando. Familias y amigxs por miles, ke deben someterse en “libertad”, a la misma humillación laboral sea en negro o en blanko, da igual, y son personas humildes, porke lxs presxs no tienen entornos de adineradxs.
La explotación no varía en ningún ámbito kuando sos pobre, solo pretenden obediencia para sus pretensiones, y así nos krean un infierno para konstruir su cielo.
Largo. 42 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
El trabajo esclaviza
Escribe Alan Majorana
El trabajo en el contexto de encierro es una forma de reinserción social a base de hacer tareas laborales. Pero sólo una minoría de los reclusos logra obtener beneficios otorgados por su juez, para recuperar más pronto su libertad.
Cabe destacar que ninguna de estas labores, son dignas ni saludables. Ellas consisten en meter la mano en la cloaca sin guantes, recolectar basura podrida o limpiar pasoductos. Con esto quiero decir que el trabajo dentro de las cárceles genera esclavización, violando todos los derechos del reo. Sin embargo, una pequeña parte de los internos trabaja en el área de cocina exclusivamente para el personal penitenciario. Ellos sí consiguen algunos beneficios; como llevarse carnes y verduras.
Pero en mi caso, mi familia me cuenta que trabaja muchas horas, teniendo sólo veinte minutos de descanso para almorzar. Luego de terminar su jornada, se dedica a un micro emprendimiento de ventas de ropa para reforzar el mínimo salario que gana en blanco.
A todo esto, se suman los gastos que generan mis necesidades básicas, por ejemplo: artículos de higiene, un buen alimento, o incluso, medicamentos para cuidar mi salud, porque acá, en el área de sanidad, no nos da nada. Por lo tanto, nuestra familia sufre de igual manera.
Esta situación nos lleva a vivir una vida con dificultades y llena de limitaciones que no nos permite salir adelante como lo deseamos.
Alan Majorana. 32 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Capitalismo actual
Escribe Pablo Campos
El capitalismo actual necesita de nuestra fuerza de trabajo para seguir enriqueciéndose, porque sin nosotros, no pueden poner en marcha sus medios de producción, sus fábricas, y maquinarias. Por eso, su único objetivo es exprimir cada segundo de nuestro tiempo invertido en el trabajo, y así lograr mucha producción e ingresos económicos solo para ellos. A cambio, nos pagan una mísera remuneración, apenas para nuestra subsistencia. Sin embargo, el valor que nuestras manos producen en toda la jornada laboral, es mayor al salario que nos pagan, pero ellos lo consideran justo.
En este mismo sistema, pero en contexto de encierro (la cárcel), trabajé bajo presión discriminatoria y autoritarista, limpiando cloacas sin barbijo o protector para no respirar el olor nauseabundo. Lo cotidiano en ese trabajo fue ver ratas y cuidarme de muchas enfermedades a las que estaba expuesto, incluso tenía que fabricar mis propias herramientas para limpiar, tampoco nos brindan elementos de seguridad, ropa y zapatos adecuados para el trabajo y tampoco recibía un pago justo.
Además, no les importa si llegamos a fin de mes, si estamos conformes o no con lo que ganamos. En consecuencia, creo que nos ven como esclavos y seremos siempre obreros sustituibles.
Cómo en lo nombrado anteriormente, no les importa la persona que trabaja sino su fuerza de trabajo.
Pablo Campos. 42 años de edad. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Trabajo
Escribe David Gross
Comprendo por trabajo la capacidad humana para transformar la naturaleza. La necesidad, carencia y deseo generan ideas para construir un entorno adecuado en este mundo hostil. Aun así, es a través del mismo donde cobra valor la vida; en la producción para el bien común. El objetivo es combatir las carencias y las necesidades avasallantes, o quizás, eludir el vacío asolador de nuestra existencia para controlar el impulso de los deseos. En estas batallas, el humano estaba más cerca de lo humano. A diferencia de la época industrial donde la idea de trabajo se reduce a largas jornadas laborales con baja remuneración y opresión constante por parte de los burgueses, los proletarios reclaman desamparados mejores condiciones para ser explotados, por deseos ajenos de una minoría.
Asimismo, hoy en la cárcel, donde me encuentro, el “trabajo” requerido es perverso, deshumanizante y no existe un pago (peculio). Aun así, los reclusos debemos trabajar, pues así lo demanda la sección tratamental penitenciaria, jactándose de la resocialización. Pero la posibilidad de una reinserción eficaz dentro de este sistema compuesto de personas ignorantes, es nula ¿Quién cree que limpiando cloacas, (trabajo insalubre) sin ningún tipo de protección ni medidas de higiene puede ser reinsertado a la sociedad? Por eso digo, que esto es un genocidio por goteo, todo lo instaurado estatalmente conduce a una muerte segura.
David Gross. Edad: 34. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
¿Qué es trabajar? ¿Qué es el trabajo en la cárcel?
Escribe Juan Escobar
Trabajar es invertir tiempo, cuerpo y cabeza en algo que sirva. Afuera laburás y a cambio te dan plata, oficio y un lugar en el mundo. Decís “soy albañil” y ya saben quién sos. El laburo te ordena el día; te da futuro.
En la cárcel, el trabajo se parte en dos. En la “versión oficial”, resocializa, te da hábitos, te prepara para salir; “te dignifica”. Sin embargo, la realidad de nosotros, muchas veces es salir a realizar tareas para escapar 8 horas de la celda o conseguir algo necesario en otro pabellón. También se trabaja para adquirir un puntaje de conducta y así lograr obtener un beneficio. Se cobra medio peso, y si tenés un accidente ni si quiera contás con una ART.
Este lugar putrefacto te marca el cuerpo como si fueran cicatrices, tatuajes; el trabajo también deja un estigma, la diferencia es de qué tipo. Cuando te deja volver a casa con un saber previo, entonces rompe el círculo, te devuelve control sobre tu tiempo y cuerpo; ahí sí es trabajo. Si solo sirve para que el contexto funcione más barato, cuando es obligatorio para no ser castigado, o, no te abre ninguna puerta afuera, deja de ser laburo y pasa a ser otra forma de encierro.
En resumen, trabajar es producir y producirse. Pero en reclusión solo lo es, si devuelve al preso algo de lo que la prisión quita; decisión, plata o futuro. Si no, es parte de la condena.
Si las labores en contexto de encierro nos dieran ingresos para ayudar a la familia, le ahorraríamos tiempo, y ellos no tendrían que aguantar hasta dos o tres trabajos diarios para poder sustentarse y además ayudarnos. Porque terminan explotados y encima no les alcanza para poder vivir una vida digna. La mayoría de veces para alimentarse tienen que ir a un comedor comunitario.
Juan Escobar. 27 años de edad. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Que se vayan todos
Escribe Javier Uthurburu
Son las cuatro de la madrugada, te llamo, te despierto y te ponés de pie para iniciar tu jornada laboral. Esas ocho horas diarias, sumadas al viaje de ida y vuelta, son interminables entre murmullos y empujones; lo normal de ir a trabajar; sacrificio y más sacrificio suman un total de doce horas interminables para poder sustentar tus gastos y ponerte la casa al hombro. Cada día es diferente, una nueva prueba a tu valor, sabiendo que faltan quince días para cobrar tu sueldo, y el bolsillo ya vacío te anuncia que no llegás a fin de mes. Tu mente divaga qué hacer para cubrir las necesidades de los chicos en ese presupuesto elevado del que sólo vos sabés cómo hacer para lograr alcanzar todas tus metas.
Además, estoy yo creando gastos sin poder colaborar en nada desde este lugar oscuro en el que me encuentro y sólo veo pasar por mis narices todos tus sacrificios, padecimientos y amarguras a causa del mal reparto de ganancias nada equitativas. Al contrario, el bienestar es para unos pocos; para los capitalistas de grandes corporaciones, dueños de tus horas interminables de trabajo duro fuera del hogar, donde agachás el lomo por dos pesos con cincuenta, mientras sus arcas siguen aumentando progresivamente gracias a tu esfuerzo. Tantas jornadas sin tus hijos, sin poder ser dueña de ir a una peluquería para hacerte una tintura de pelo porque el valor equivale a un día de trabajo esclavo.
Neo Liberal se tendría que denominar este momento que atraviesa el país a causa de este gobierno. Hoy, con una mirada crítica, puedo decirles fachos de mierda, son la mentira más grande de libertad, igualdad y derechos que he visto en años. No tienen escrúpulos ¿Por qué una persona no puede comer adecuadamente, vestirse, pagar los servicios y darle a su familia lo que merece? ¿Cuándo un trabajador en su horario de almuerzo fue a buscar su única comida diaria a un comedor popular? Vergüenza les debería dar que el mundo esté comentando que Argentina está en crisis económica con un 60% de desempleo o que su población está padeciendo hambre y pobreza establecida por este personaje innombrable. ¡Que no mientan más y traten de dibujarla un poco mejor! Que cada trabajador reciba lo que se merece, por ser ellos, los que llevan el país a delante. Yo estoy detenido, pagando mi error, pero mi familia es trabajadora y la está pasando mal a causa del loco de Milei. ¡Que se vayan todos con sus políticas a Israel!
Javier Uthurburu. 61 años de edad. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
El abuso del trabajo
Escribe Kevin Maddalena Rey
Dentro del ámbito Penitenciario, se encuentra el sector de talleres, ahí se organizan todos los trabajos dentro de la unidad carcelaria. Controlados y vigilados por los encargados del servicio.
Cada interno ahí cumple tareas a cambio de figurar en el sistema, algunos lo hacen porque es requerido por el sistema judicial, a la hora de ser entrevistados por la junta de beneficio (asistente social, sicólogo, trabajo etc.) Así el Servicio Penitenciario Bonaerense, pasa los informes de los internos, a sus respectivas fiscalías para que sean evaluados, a la hora de obtener un beneficio. Esta situación muchas veces es relativa, hay casos donde los internos, se dan cuenta que trabajaron mucho tiempo y no figuraban como trabajadores.
También podemos decir que las tareas laborales son inhumanas, humillantes y generan discriminación y desigualdad. Los trabajadores privados de su libertad, trabajan de manera medieval, sin ningún tipo de elementos de seguridad y mucho menos una buena alimentación e higiene. Aun así, solo una minoría puede acceder a un cupo laboral, por la superpoblación en las cárceles. En mí caso, trabajo alfabetizando a internos iletrados, dicto clases tres veces por semana en el centro cultural. Aspirando a recibir una pronta libertad.
Por otra parte, tengo la oportunidad de hablar con mi familia; ellos me cuentan, lo mal que la están pasando con este gobierno. En este momento, mi pareja tiene que trabajar doble jornada para llegar a fin de mes, porque el salario mínimo no le alcanza para cubrir sus gastos básicos, mucho menos pagar los impuestos, ni brindarles a sus hijos una buena educación. Pese a todo el esfuerzo físico y psíquico que demanda trabajar doble jornada, sostiene que solo a través del trabajo puede mantenerse y sustentarme con elementos básicos (comida, medicamentos, producto de higiene, etc.). Derechos que debería brindarme el servicio.
Kevin Maddalena Rey. 31 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Tripaliare (tortura)
Escribe Maximiliano Pérez
Me levanto a las 6 de la mañana, tomo mi pava y la coloco sobre el fuego para que se vaya calentando mientras me higienizo, termino y comienzo a cambiarme para luego sentarme a desayunar, prendo la tele para informarme de las primeras noticias del día y a las 7:30 llega la policía con su voz autoritaria, gritando, dando portazos, abren la puerta me alumbran con una linterna y preguntan mi apellido para luego retirarse. A las 8 de la mañana viene el maestro y nos saca a nuestro tripaliare. Acá el tripaliare, depende de lo que estés dispuesto a soportar, son 6hs lo que dura esa jornada. Yo estoy en el sector de recolección de basura que se junta en cada sector, tomamos un carro y empezamos. Aclaro que acá hay un exceso de población de roedores (ratas) lo que nos lleva a tener cuidados higiénicos, obvio con todos los productos de higiene que nos trae nuestra familia (acá no te dan nada), esto es realizado durante todo el año, no importa cómo esté el clima. Aclaro, no hay ART, incluso si te enfermas te echan, no hay justificación para faltar. Cada 3 años te pagan, una forma de remunerar todo lo que hiciste durante ese tiempo.
Hoy es día de cobro, estoy contento, 3 años sin faltar, aguantando lluvias, sol, frío y hoy se ve reflejado mi esfuerzo. Me dirijo a la oficina con mi carnet, se lo doy al encargado que maneja los papeles y al momento de recibir lo que me pertenece por soportar tanto, me dicen que son 175 pesos ¡Qué loco! ¿no?
Bueno esa es la realidad acá adentro, por eso mismo no hablo de “trabajo”, porque la palabra proviene del latín tripaliare (tortura) yes eso lo que se vive acá.
¿Acaso creyeron que es diferente?
Hay más trabajos, como juntar los desechos orgánicos en carretillas, o trabajar de mozo del personal, lo cual lleva a que tu familia tenga que traerte muchas cosas para poder dárselas a los policías, como yerba, galletitas, comidas ricas, si no, no trabajas ahí.
Mi rutina de levantarme temprano, ¿no es similar a la de alguien en la calle? Claro, no te despierta un policía, pero sí una alarma la cual marca el comienzo de la tortura.
Pero qué puedo esperar de este mundo capitalista que encontró una nueva manera de seguir con la esclavitud mundial. Seguimos siendo utilizados como marionetas de un poder invisible que resulta ser sofocante, más aún cuando ya fuimos arrojados a un mundo que ya te clasifica desde una escuela primaria, evaluando tus capacidades, para poder en un futuro buscarte una ubicación laboral acorde a tus capacidades.
Nada va a cambiar. Perdón por ser pesimista.
Maximiliano Pérez. 32 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
El dispositivo es el mismo
Escribe Ricardo Lazarte
Mientras transito este presente atroz dentro de un penal de máxima seguridad, recuerdo lo que alguna vez dijo el filósofo francés, Michael Foucault: “La sociedad es como una gran cárcel”. Por mucho tiempo me pareció un anagrama indescifrable, hasta que poco a poco pude ir dándome cuenta. Comprendí que acá adentro existen muchas normas que regulan las conductas. Lo mismo pasa en cada cultura o sociedad. Con esto quiero decir que Foucault, al hacer sus investigaciones sobre las estructuras, se dio cuenta la similitud con la que funcionan las demás instituciones: las escuelas, las fábricas, etcétera.
Para que se entienda la lógica del filósofo voy a dar un ejemplo: acá, el primer recuento de internos del día es a las siete de la mañana, y si no estás despierto y al pie de la puerta para decirle al penitenciario tus apellidos, no te dan las dos horas de recreación (patio, cancha). En el afuera, en cualquier trabajo, pasa de igual manera -diría Foucault-; sea por fichaje de entrada o por el control de un personal específico, como en el caso anterior. La diferencia radica en el tipo de castigo. Si nosotrxs nos dormimos, nos privan de un derecho tan simple como poder caminar o hacer ejercicios después haber pasado largas horas de encierro dentro de una celda de dos por dos; pero si un trabajadxr se duerme, no cobra presentismo, o incluso, lo despiden. En ambos casos, lxs sujetxs quedan excluidos.
Sin embargo, gran parte de nuestra sociedad es persuadida por algunos medios comunicacionales de ultraderecha que se encargan de transmitir discursos que introyectan a cada familia para que asimilen y naturalicen una idea como si fuese propia. Uno de ellos, es: «Acá el que no trabaja no lo hace porque no quiere». Esto desencadena opiniones del tipo: «Lxs argentinxs no quieren laburar porque esperan vivir de un plan social». Este tipo de noticias se expande. La clase trabajadora lo replica por sus redes sociales o lo reproduce de boca en boca. Nadie se detiene un segundo a pensar la desigualdad socioeconómica existente; no se tiene conciencia de clase y se ataca a un igual, pero sí se acepta la idea de que el trabajo es el camino al «bienestar», al «progreso», siendo el esfuerzo individual la única forma de llegar a él. Estos razonamientos meritocráticos cargan una connotación muy diferente de aquella a la que se refería en sus orígenes la palabra “trabajo” (castigo).
Estas injusticias las vivimos día a día con mi compañera y madre de nuestrxs dos hijxs (Sofía de 15 y Alejandro de 7). Ella es docente de nivel inicial, y el pago recibido por formar infantes, a quienes cada día expresa todo su amor; donde pone el cuerpo por vocación y no sólo por trabajo, le pagan por ello 620 mil pesos mensuales. Con esa miseria hace malabares. Primero tiene que entregar casi 300 mil pesos de alquiler; el resto, comida para freezar, y después elegir entre comprarles útiles escolares o ropa y zapatillas. Además, da clases particulares a niñxs de primaria, y cobra a las mamás menos de lo que cualquier maestra particular cobra, porque entiende muy bien la situación. Con la moneda que agarra de ahí intenta pagar internet y cargar la sube. Pero al igual que otras personas, que tienen la desgracia de tener familiares o amigxs privadxs de la libertad, mayormente, nuestrxs hijxs se privan de yogures, cereales, quesos y dulces para su crecimiento y desarrollo. Esta situación lxs obliga a visitarme, con suerte, cada veinte días o cada un mes, y cuando vienen, no le pido a Carolina que me compre alimentos o artículos de higiene para no complicarles más la vida; prefiero comer todos los días la comida en mal estado que nos da el Servicio Penitenciario antes de quitarle la posibilidad a nuestrxs hijxs de tomar un yogur o llevar una galletita a la escuela.
Ricardo Lazarte. 45 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Trabajo, ¿Evolución?
Escribe Eduardo Acosta
Podemos pensar y definir el trabajo humano de varias maneras, prefiero empezar tomando una línea histórica del progreso evolutivo, los Homínidos, habitantes de lo que hoy se conoce como continente Africano. Remontando a una época que se define como Mioceno, hace 14 millones de años, donde el clima de la Tierra comenzó paulatina e inexorablemente a cambiar, de cálido-húmedo a menos cálido-seco. La disminución en las precipitaciones determinó que la cubierta vegetal sufriera modificaciones. La selva, que había alcanzado grandes dimensiones al principio del periodo, por la gran humedad ambiental, se vio restringida a zonas más pequeñas y la vegetación de sabana aumentó a expensas de esta. Como se sabe, la sabana es una llanura cubierta de pastos altos, generalmente gramíneas, con escasos árboles, que en algunos lugares formaron galerías a lo largo de los cursos fluviales. Esto conllevó a qué los Homínidos tuvieran que pasar de ser una especie individual a una especie grupal.
¿Qué es lo que quiero decir con esto? que para sobrevivir a los asedios y proveerse la ingesta de alimentos, tuvieron que empezar a trabajar en grupo, organizándose; esto implicó nuevas maneras de conseguir alimentos y con esto, otros peligro.
Este análisis antropológico que cito, es porque a mi entender, son los orígenes del trabajo social. Si volvemos a la actualidad, el trabajo ha tenido un devenir social y simbólico pero no dejó de ser una manera de sobrevivir y coexistir, en lo que hoy conocemos como sociedad.
Ahora bien, analicemos esto último, ya que a mí entender en esta línea histórica que relato, el desarrollo es lo importante; porque en el transcurso del tiempo el trabajo fue repensado y renombrado a merced de quienes pudieron permanecer (llamémosle) aristocracia, burguesía, conquistadores, dictadores, monopolios… Permítanme llamarlos tiranos, ya que para ellos la concepción de trabajo es solo esclavitud perpetuada, una construcción basada en el sometimiento, solo cambió la manera de coerción, lo que antes era a punta de espada y Cruz (citando la colonización Española en el continente americano, una de tantas barbaries de occidente), hoy se ejerce tras una moneda cambiaria, que te limita a vivir bajo una opresión claramente pensada para seguir siendo esclavo, ahora no con látigo, sino ante un contrato social…
Más aún, voy hablar de mi presente y cotidiano, en cuanto a mi condición de reo, cual el trabajo sigue manteniendo una línea de crueldad pero ahora disfrazado de reinserción: según los estatutos penitenciarios que afirman que para poder recuperar mi libertad, tengo que degradarme a maneras inhumanas de domesticación a garras de un personal del S.P.B que me dicta tener que destapar cloacas o limpiar la caca de las ratas sin ningún tipo de acondicionamiento, o tal vez lustrarle las botas a dichos carceleros.
Esas tareas, según ellos, te resignifican y te permiten ser un ser social.
Volvemos al trabajo como manera de dominio, me permiten ser su servidumbre para conseguir mi anhelada libertad. Qué decir de mis padres, que murieron trabajando para este sistema capital que sólo se les remuneró con más deudas por tratar de pertenecer a un sistema estatalizado, democrático y capitalista. O mi hermana mayor, jubilada en el área de ventas, que todos los miércoles marcha por la suba en su mínima designada, por quien la sometió a 20 años de pagar aportes, los mismos 20 años que llevo detenido por no aferrarme a esa perpetua esclavitud que es el trabajo.
Entonces pienso y reconozco, que la cárcel real, la verdadera, es el mundo mismo.
Eduardo Acosta. 40 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
Puras mentiras
Escribe Franco Acosta
Desde el contexto de encierro nos hablan del trabajo como si fuera la llave del cielo y nos dicen: “laburar resocializa,” “laburar dignifica”, “laburen y salen antes,” “más trabajo, más reinserción”. Estos eslóganes son puras mentiras. Mientras hago mis tareas diarias, miro hacia fuera por la ventana de talleres y me pregunto dónde está ese paraíso del pleno empleo que nombran en la tele. Entonces me río cuándo escucho esa frase ¿Pleno para quién? ¿Para los dueños del poder, que se llenan los bolsillos con nuestro esfuerzo, sin mirar que somos quienes acrecientan su monopolio? ¿Por qué a nosotros nos toca al revés? Acá, el encierro se multiplica por tres; nada es suficiente para que el esfuerzo sea valedero en este lugar. Trabajo seis horas diarias cinco días a la semana, sin recibir remuneración alguna; el único pago son los informes del servicio penitenciario: conducta, concepto y una que otra roncha de verduras, (papa, zanahoria y calabaza.)
Cuando fui detenido mi mujer limpiaba casas en la zona de Avellaneda. La echaron, “no queremos quilombo, tu marido es chorro”, argumentaron. Entonces, con mil sacrificios, tuvo que ir a vender medias con nuestros hijos para cubrir algunos gastos y, además, poder venir a verme.
Después, salir de este centro de tortura, llega a su casa e inmediatamente toma su bolsa de medias para salir a patear la calle nuevamente. Por eso digo que ella también está presa conmigo; presa del estigma y de la plata que no alcanza para nada; cansada de tener que explicarle a la maestra que estoy trabajando ocultando la verdad de mi situación, y por eso no asisto a las reuniones de padres. Ella sabe en su interior que es una mentira piadosa. La sociedad, como si fuera poco, también te cosifica, no basta que el gobierno te destruya moral y físicamente para terminar de derrotar tu dignidad. Por eso el capitalismo te aplasta como a una cucaracha.
Franco Acosta. 31 años. Unidad 23 de F. Varela. Pabellón 4
“Resistimos al olvido desde un proyecto vital con la épica idea de transmitir y generar cultura y expresar en el arte la voz de los nadies”
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