“Los evangélicos en Brasil, el evangelicalismo —que es el término que abarca varias corrientes del evangelismo en la sociedad— tuvo un gran rol en la elección de Jair Bolsonaro”. Así comienza el diálogo de Sergio Centenaro, en Misiones, con João Barros, sociólogo y filósofo brasileño, director del Observatorio Evangélicos y Sociedad ubicado en la Triple Frontera.
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“Eso fue en 2018, pero su participación política viene creciendo de antes. Su fuerza fue percibida cuando ganó Lula, porque ellos apoyaron a Lula. O sea, fue durante los dos gobiernos de Lula en que se creó una “élite evangélica” en términos políticos. Lo que nosotros llamamos la bancada evangélica, O sea, congresistas, tanto diputados como senadores desde 2003 (recordemos que las elecciones fueron en 2002). Ahí empieza el primer mandato de Lula, y ahí aparece el ascenso político de los evangélicos en Brasil. De ellos, más o menos el 80% son pentecostales. Los otros, el 20% son los llamados “históricos”.
…serían los protestantes, ¿no? Los adventistas, bautistas, etcétera.
Los históricos, claro, los históricos bautistas, presbiterianos. metodistas, luteranos. Y los otros son los pentecostales, ahí estamos hablando también de iglesias con más visibilidad, como la Iglesia Universal de Reino de Dios, que también está en Argentina.
¿Cómo ha crecido tanto el mundo pentecostal en Brasil?
Los pentecostales, las iglesias evangélicas en general, pero los pentecostales mayormente, tuvieron su gran crecimiento acompañando el crecimiento urbano de Brasil. Con la migración del área rural a lo urbano, estas iglesias formaron, paso a paso, una red de solidaridad para la gente que llegaba y no tenía lazos. Esto empezó en la década de 1950-1960, que es cuando tuvo lugar el proceso de industrialización en Brasil, y estas iglesias fueron instalándose en esos márgenes, muy semejante a lo que ocurrió cuando empezó en Estados Unidos el pentecostalismo, que fue en la primera década del siglo XX, en que un pastor negro dirigía una iglesia multicultural en la periferia de una gran ciudad.
Estos excluidos de la modernidad encontraron en las iglesias —y siguen encontrando todavía hoy en las iglesias— una red de solidaridad y soporte, que potencia este crecimiento. Y hoy por hoy el contingente evangélico en Brasil llega a más o menos 65 millones de personas. Casi un 30% de la población.
Pero en el transcurso de este tiempo, si bien han apoyado a Lula, con las ideas que representa Lula, en algún momento se produce un cambio…llegan referentes políticos con una idea más conservadora o profundamente conservadora y se fueron por allí. ¿Qué pasó?
La literatura sobre el tema apunta a dos factores principales. El primer factor es que en 2010 se empieza a tramitar en el Congreso de Brasil un proyecto que es el PNDH3, el Plan Nacional de Derechos Humanos 3, que entre muchas otras cosas preveía la ampliación de los derechos de la comunidad LGBT, de las mujeres…Y esto fue tomado por algunos líderes evangélicos más conservadores o reaccionarios como una afrenta a sus idearios. Ahí hubo un punto de quiebre entre esta relación entre el campo progresista y las iglesias, con los representantes de la iglesia evangélica brasileña.
Este es el primer punto más visible y que se puede diagnosticar puntualmente, o sea, marcar en el transcurso histórico. Pero hay algo más diluido que está muy presente en la academia brasileña —y de esto soy testigo porque formo parte de una universidad— y es que hay una cierta resistencia del campo progresista a dialogar con los evangélicos, no solo en tiempos de elecciones, en que se disputa el voto, sino en mantener un diálogo continuo con este contingente tan importante que representa casi un tercio de la población.
Ese paquete de leyes que buscaban ampliar derechos a sectores o minorías que habían sido postergadas, generó un parteaguas, ¿no? Una división al interior de este movimiento evangelista que venía acompañando proyectos progresistas que encabezaba Lula. Y eso claro, lo capitaliza una fuerza conservadora como la de Jair Bolsonaro. Pero en estas elecciones, en el ballotage, pierde Flavio Bolsonaro. ¿Cómo entender que esa pulseada continua ahora la termina ganando Lula?
En lo respecta al comportamiento de muchas liderazgos evangélicos en esta última disputa electoral, lo que se vio fue una cierta actitud de “jugar parado”. Muchos líderes evangélicos jugaron parados en el apoyo a Flavio Bolsonaro, o sea, no tuvieron el mismo ánimo, el mismo ímpetu que cuando fue la elección para Jair. Lo que se verificó es que ellos entraron con más fuerza a último momento, en las últimas dos o tres semanas de la disputa, cuando un ministro de la Suprema Corte, que es evangélico, y que fue nominado por Jair Bolsonaro, empezó en las redes sociales a llamar a la oración por el país y a crear un clima más ríspido. Ahí algunos líderes salieron a empujar de una manera más clara en este escenario.
Como resultado electoral, algo interesante surgió de las urnas. Muchos representantes que venían directamente de las iglesias, no fueron electos. Por ejemplo, candidatos importantes de la familia del pastor RR Suárez, que es el máximo pastor de la Iglesia Internacional de la Gracia, de gran alcance en Brasil. Él tenía en su familia dos diputados federales, y no fueron reelectos, y como este ejemplo hay otros de candidatos que estaban ligados directamente a iglesias evangélicas y que perdieron espacio. ¡Y perdieron frente a candidatos de la extrema derecha! O sea, muchos feligreses de iglesias evangélicas pentecostales, más conservadores, reaccionarios, si queremos definirlos así, no votaron a sus candidatos —los candidatos de las iglesias— sino a candidatos de la extrema derecha que no venían de esas iglesias.
Diríamos que la llamada “bancada evangélica”, los representantes directos de estas iglesias, fue un poco fagocitada por la extrema derecha. Y esto representa una novedad en Brasil.
¿Podemos hablar de la “doctrina de la prosperidad” dentro de la iglesia? Entiendo que está muy arraigado en el mundo pentecostal. Sin embargo, en la iglesia del adventismo, uno puede advertir que también está esta cuestión de la prosperidad, de “si tenés plata, entonces sos un buen cristiano porque Dios te da, o no te da”. Quiere decir que sos un buen cristiano despojado de otras elementos o valores que debiera tener el evangelismo. Pero esa teoría de la prosperidad pica fuerte en el evangelismo y es la razón por la que después coinciden con la derecha brasileña o argentina aquellos evangelismos que dicen, «Me gusta vivir bien.» Y es una teoría política individualista.
Yo lo voy a poner en términos del avance pentecostal en Brasil para llegar a la teoría de la teología de la prosperidad. Lo que la academia señala es que hay tres olas del evangelismo. Las dos primeras como yo dije antes, en la década de 1910, la segunda 1950-1960, y la tercera 1970-1980.
Hay una gran diferencia entre las dos primeras y la tercera, que es justamente la teología de la prosperidad. Las dos primeras tenían muy fuerte esta separación de lo que es de Dios y lo que es del mundo. El creyente pentecostal tenía que vivir su vida de una manera ascética, o sea, no disfrutar de los bienes de este mundo, no buscar lo que es considerado (para el mundo) como bueno, sino vivir una vida de santidad. Con la teología de la prosperidad en los 70-80 esto cambió. Porque si antes el dinero era visto como algo sucio, el dinero pasó a ser visto como una bendición, una señal de bendición. Si tenés prosperidad, si ascendés socialmente, si vos podés disfrutar de los bienes de este mundo, esta es una señal de que estás siendo bendecido por Dios.
Hagamos ahí un paréntesis. ¿Coincidís que la tercera ola, esa de los años 70 y 80 en Brasil pueda venir a partir de una idea matriz de las iglesias desde los Estados Unidos? ¿Hay vasos comunicantes?
Sí, y no solo en ese momento, también todavía hoy. En los 60, y en los 70, algunas corrientes del pentecostalismo, de las iglesias evangélicas en Estados Unidos, se dieron cuenta que había un espacio para rellenar en Brasil, muy relacionado con el contexto político. La Iglesia Católica que era mayoritaria, representaba la gran mayoría del espectro político, y empezó a apoyar las causas progresistas. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, la CNBB, apoyaba mucho las causas populares, motivados por la teología de la liberación, que es una teología eminentemente latinoamericana.
Entonces, en este escenario, no solo algunas iglesias en Estados Unidos, sino también el gobierno de Estados Unidos, empezaron a incentivar a diseminar una teología que es esta “teología de la prosperidad” en el tejido social brasileño de la época. Nosotros podemos ver, por ejemplo, a fines de los años 70 —en el 79, si no me equivoco— es justamente cuando empieza la Iglesia Universal (y en 1980 la Iglesia Internacional de la Gracia).
¿Entonces las “casas matrices” de estas iglesias están en Estados Unidos?
No necesariamente; por ejemplo, la Universal, o la Internacional de la Gracia vinieron de una misma iglesia que tenía como pastor una persona del extranjero. Ahí tuvieron contacto con la teología de la prosperidad y en un determinado momento eligieron formar su propia iglesia, cada uno por su lado. Entonces, acá en Brasil, por lo menos, la teología de la prosperidad tuvo mucho alcance mediante iglesias autóctonas. Iglesias que nacieron acá, pero sí, con una gran influencia de esta teología que venía de afuera.
¿La teología de la prosperidad también puede abarcar a las denominaciones históricas?
Sí, en algunos casos sí, pero es mucho más fuerte en el medio pentecostal.
Entonces, el triunfo de Lula en el ballotage contra Bolsonaro en 2022, y el ballotage este año contra Flavio Bolsonaro, que también lo termina ganando Lula, no tiene tanto que ver con un una palabra que haya enamorado a ese sector, sino con que la militancia del evangelismo para con Flavio Bolsonaro estuvo más apagada que lo normal. Es decir, no militaron tanto como lo hicieron con Jair Bolsonaro.
Sí, exacto. Una encuesta que salió un poco antes del ballotage muestra algo de cómo podemos comprender esta falta de movilización hacia Flavio Bolsonaro. Porque la encuesta fue hecha en más de un centenar de iglesias, en distintas ciudades de Brasil, y reveló que más de un 80% de las personas están a favor de la educación sexual en las escuelas, teniendo como objetivo la protección contra abuso.
Otro dato interesante, es que más de un 70% dijo estar en contra del comercio de armas a la población civil. ¡Estamos hablando de un público mayoritariamente conservador! Pero hay puntos de contacto con las pautas progresistas, con principios que son importantes para el progresismo, que son todo lo contrario de lo que propone la extrema derecha. Entonces, a mí me parece interesante también poner esto como telón de fondo, ¿no?
En un momento Lula, cuando toma la palabra, menciona que Brasil es un estado laico, pero que desde el gobierno quieren garantizar de manera absoluta la libertad de culto, y también es un mensaje que busca volver a atraer a todos los brasileños, porque terminada la elección gobierna para todos los brasileños.
Tanto Lula como Dilma hicieron varios gestos a la comunidad evangélica, instituyendo, por ejemplo, el Día de del cantor evangélico, el Día de la iglesia evangélica. Acá tenemos un evento importante que se llama La Marcha para Jesús, que fue reconocida como parte del calendario de manifestaciones nacionales… estas actitudes, de alguna manera, buscaron frenar lo que se puede llamar “pánico moral” creado por algunas de los líderes más reaccionarias del campo evangélico que difunden fake news de tipo “ah, la izquierda va a cerrar las iglesias”, “la izquierda va a prohibir que se hagan reuniones en la iglesia”, “la izquierda va a perseguir los evangélicos”. O en temas económicos decir que “la izquierda va a prohibir que las personas tengan más de una tarjeta de crédito”. Calumnias y fake news a las que estamos acostumbrados y que no se corresponden con lo que hemos visto históricamente en los gobiernos progresistas en Brasil.
Antes de cerrar este diálogo, ayúdanos a conocer la universidad, la UNILA, donde está el Observatório Evangélicos e Sociedade
La Universidad Federal de la Integración Latinoamericana – UNILA tiene una importancia especial porque está en la Triple Frontera, y nació en 2010 de reuniones que tuvieron Lula, Evo Morales, Chávez, Rafael Correa, líderes de nuestra Latinoamérica en ese momento. Crear una universidad que pudiera servir como un punto de encuentro de la comunidad universitaria latinoamericana, acá en la Triple Frontera, del lado de Brasil, de Iguazú. La universidad es gratuita, pública y tiene garantizado por ley que un 50% del cupo es para estudiantes latinoamericanos.
Tenemos estudiantes de Haití, El Salvador, Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela. Es un ambiente espectacular. Y esto se da no solo con los estudiantes, sino también con los profesores y personal administrativo, porque un tercio de ellos son de otros países. Era un sueño en 2010, y podemos hoy vivenciar allí, a Latinoamérica, de una manera muy intensa.
Entrevista de Sergio Centenaro en Radio Lateral, Posadas, Misiones.
João Barros es doctor en filosofía y doctor en Ciencias Políticas. Es profesor del programa de posgrado Integración contemporánea en América Latina, además de coordinador del Observatorio.
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